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Habla

Mi hijo ha empezado a tartamudear: ¿espero o consulto?

Muchas disfluencias a esta edad se resuelven solas, pero no todas. Estas son las señales que marcan la diferencia y lo que puedes hacer mientras decides.

Valeria Bondarenko, autora del artículo Valeria Bondarenko · Logopeda colegiada n.º 29/2308 5 min de lectura Actualizado el
Ilustración de marca para el artículo sobre tartamudez infantil

Por qué aparece justo a esta edad

Entre los dos y los cinco años, muchos niños empiezan de pronto a repetir sílabas, a alargar sonidos o a quedarse atascados en mitad de una frase. Suele coincidir con una explosión del lenguaje: de repente tienen mucho que contar, frases más largas y vocabulario nuevo, y el sistema que organiza todo eso todavía va por detrás de las ganas. Se le llama disfluencia del desarrollo, y una parte importante de los niños que la presentan deja de hacerlo sin intervención.

Ahora bien, «una parte importante» no es «todos», y ahí está el problema de la frase que más se oye en los parques y en algunas consultas: «déjalo, ya se le pasará». A veces se le pasa. Y a veces lo que se le pasa es el momento en que era más fácil ayudarle.

Qué distingue una disfluencia típica de una señal

No es la cantidad, es el tipo. Estas dos listas son lo que miro cuando una familia me consulta por esto.

Suele ser parte del desarrollo cuando repite palabras enteras o frases cortas («quiero, quiero, quiero agua»), lo hace una o dos veces, no aparece tensión en la cara ni en el cuerpo, va y viene por temporadas y, sobre todo, el niño ni se entera de que ha pasado.

Conviene mirarlo con calma cuando aparece alguna de estas:

  • Repite sonidos o sílabas sueltas en vez de palabras completas: «pa-pa-pa-pato».
  • Alarga sonidos: «mmmmmmamá».
  • Se queda bloqueado, con la boca preparada y sin que salga el sonido.
  • Se le ve tensión: aprieta los ojos, cierra los puños, mueve la cabeza, coge aire de golpe.
  • Se da cuenta y le molesta. Cambia la palabra por otra, se calla a medias o dice que no sabe.
  • Lleva más de seis meses así, o ha ido claramente a peor.
  • Empezó más tarde de lo habitual, pasados los tres años y medio.
  • Hay antecedentes familiares de tartamudez que no se resolvió.

Que aparezca una no significa que haya tartamudez. Significa que ya no toca esperar sin más, sino preguntar.

«Esperar a ver» no es una decisión neutra

La idea de que intervenir pronto «hace consciente al niño de su problema» está bastante extendida y no se sostiene: cuando un niño tiene tensión y bloqueos, ya es consciente, lo diga o no. Lo que hace una consulta a tiempo es exactamente lo contrario, quitarle peso al asunto y darle a la familia algo concreto que hacer en lugar de vigilar cada frase con angustia.

Y hay un motivo práctico: cuanto más pequeño es el niño, más maleable es su forma de hablar y menos capas de esfuerzo y de evitación se han acumulado encima. Consultar pronto no obliga a empezar un tratamiento. Muchas veces lo que sale de la primera valoración es precisamente que no hace falta tratar, y unas pautas para casa.

Qué ayuda en casa desde hoy

Esto se puede empezar hoy mismo, con consulta o sin ella, y no tiene ningún riesgo:

  • Baja tu propio ritmo. No le pidas a él que hable despacio: habla tú más despacio, con pausas de verdad. Los niños ajustan su velocidad a la del adulto sin que se lo digas, y esto es lo que más suele notarse.
  • Dale el turno entero. Espera un segundo antes de contestarle. Ese silencio corto le quita la prisa de encima.
  • No termines sus frases ni le adelantes la palabra, aunque veas cuál es y aunque lo hagas por ayudar.
  • Mírale a la cara mientras habla, con la misma cara que pones cuando no se atasca. Tu gesto le dice si esto es un problema o no lo es.
  • Busca ratos tranquilos de conversación sin prisa, sin pantallas y de uno en uno. Diez minutos al día valen más que una tarde entera con seis personas hablando a la vez.
  • Reduce las preguntas seguidas. Comenta en vez de interrogar: «hoy había un perro enorme en el parque» abre más conversación que tres preguntas encadenadas.

Qué no ayuda, aunque lo diga todo el mundo

«Respira hondo», «para y empieza otra vez», «piensa antes de hablar», «tranquilo». Todas suenan bien y todas hacen lo mismo: le colocan encima la responsabilidad de arreglar algo que no controla, y le confirman que hablar es una tarea difícil que está haciendo mal. Tampoco ayuda pedirle que lo repita bien, ni terminar la frase por él, ni que se ría nadie de la casa por el tema, ni hacer como que no ha pasado nada si él mismo se frustra: ahí sí conviene nombrarlo con naturalidad, sin drama y sin sermón.

Una cosa más: la tartamudez no siempre viene sola. Si además las frases se quedan cortas para su edad o cuesta entenderle, conviene descartar unos trastornos del lenguaje de base, dentro de una valoración de logopedia infantil completa.

Cuándo consultar

Con que aparezca una sola de las señales de tensión (bloqueos, esfuerzo visible, evitar hablar, frustración) ya merece la pena una valoración, sin esperar a los seis meses. Si lo que ves son repeticiones de palabras enteras, sin tensión y sin que él se dé cuenta, puedes empezar por las pautas de casa y volver a mirarlo dentro de unas semanas.

Una valoración de fluidez no es una prueba incómoda para el niño: es rato de juego y de conversación mientras observo qué tipo de disfluencias aparecen, en qué situaciones, con cuánta tensión y qué hace él cuando ocurre. De ahí sale si conviene tratar o simplemente acompañar, y con qué pautas concretas. Eso es lo que trabajo en las sesiones de fluidez del habla y tartamudez.

Y si además notas que le cuesta pronunciar o que se le entiende poco, conviene mirar las dos cosas juntas: lo cuento en mi hijo no habla bien o no habla, ¿qué debo hacer?.

Valeria Bondarenko Gabets, logopeda colegiada

Escrito por

Valeria Bondarenko Gabets

Logopeda colegiada n.º 29/2308. Mención honorífica en Trastornos Orofaciales por la UCM. He trabajado en el Hospital Vithas, el Gómez Ulla y el Centro Fuensalud, y atiendo en el Centro Lógrate, en El Puerto de Santa María.

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Ficha colegiada verificada en Doctoralia

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